Este es un artículo que escribí hace unos meses, y que, salvo por alguna referencia, podría seguir totalmente vigente. Por eso me he animado a subirlo. ¡Espero que os resulte interesante!

Hay quien dice, mirando el panorama político actual, que tenemos lo que nos merecemos. Puede que sea verdad, pero a mí me cuesta creerlo.

El caso es que empiezo a notar cierta parálisis e inacción en los negocios en este recién estrenado 2016 y no es una percepción sólo mía, lo es también de mis clientes con los que últimamente hablo. Y esa inacción está sin duda provocada por tanta indefinición e incertidumbre en el marco político. Hay temas candentes dentro y fuera de nuestras fronteras que influyen y de qué manera. Por ejemplo: ¿quién será el próximo presidente de los Estados Unidos?, ¿seguirá el Reino Unido dentro de la UE? Y por supuesto y sobre todo, lo de aquí: ¿quién será el próximo presidente y cómo será el nuevo gobierno?

Decía Mario Vargas Llosa que la incertidumbre es como una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar. Y cuando oigo que Sánchez -el del PSOE- le pide al Rey que le dé un mes para negociar con otros partidos, me pregunto a ver si los políticos saben realmente el daño que están haciendo a la economía y en general al país con tanta pérdida de tiempo.

¿Es necesario realmente un mes? Quizás sí y lo es por las imperfecciones de la propia democracia que hace que los partidos deban discutir, no sólo entre sus direcciones, sino también con su militancia cualquier cuestión de cierto calado. Curiosamente cuanto más democrático y asambleario es un partido político menos dinámico se muestra, y es que se mueven como elefantes.

Hace veinte años quizás se podía dedicar tiempo a analizar, a contrastar, a negociar punto por punto un acuerdo, a convocar a las bases, a… pero hoy no tenemos tiempo. Menos con la que está cayendo. Porque en un mundo globalizado e híper-conectado como el que nos encontramos donde la economía de mercado exige tanta pro-actividad, resulta anacrónico contar con partidos con unas estructuras internas tan enmarañadas que dificultan tanto la toma de decisiones. Porque entiendo que si en los partidos se nombran secretarios generales, presidentes, comités ejecutivos, etc. es precisamente para que se adopten decisiones por el resto de la militancia. Lo otro es nadar contra corriente de los tiempos.

No hace mucho yo era partidario de convocar nuevas elecciones pero ahora mismo he cambiado de opinión. Si se convocaran nos iríamos prácticamente a San Fermín para celebrarlas. Y aunque sería curiosa la campaña electoral de los candidatos con faja y pañuelico; sería un absoluto desastre para el país. Si además el resultado sale parecido al de ahora, nos iríamos a septiembre hasta tener nuevo gobierno porque evidentemente en agosto no iban a trabajar. Inaguantable. No acabaríamos de deshojar la margarita nunca.

Hace algún tiempo hice un curioso experimento con mis alumnos basándome en uno que a su vez Dan Ariely, un reputado profesor en economía conductual del no menos reputado Massachusetts Institute of Tecnhnology, hizo con los suyos. Consistió en lo siguiente: A dos clases distintas, pero del mismo curso, les mandé un trabajo dividido en tres partes. A un grupo les dije que tenían que entregarme cada una de las tres partes del trabajo los tres primeros lunes del mes de marzo. Al otro grupo, el de la otra clase, les dije que el trabajo completo –con sus tres partes- me lo tenían que entregar el tercer lunes de marzo. Los del primer grupo me protestaron porque a los alumnos de la otra aula les daba más libertad. No les hice caso y, aunque molestos, lógicamente me hicieron el trabajo. ¿Qué grupo tuvo mejores resultados? Me pasó lo mismo que a Ariely: el grupo primero, el que me protestó, al que le di un trato más dictatorial cercenándoles su libertad, sacaron mucho mejores calificaciones.

No sé si necesitan los políticos un mes para negociar, sólo sé que no lo tienen. Les exigimos que se reúnan sí, pero para tomar decisiones, no para marear la perdiz consultando a las bases y dilatando un tiempo que no poseen. Estoy seguro de que si se les marcara y se les obligara a un periodo temporal más corto lo aprovecharían mucho más. Una vez oí a alguien esta frase de inacción: si no quieres tomar una decisión monta una comisión.

No podemos estar durante tanto tiempo deshojando una margarita sin fin. Y es que hay cosas que son muy importantes de abordar (como por ejemplo una Ley de Educación de consenso) pero hay otras que son mucho más urgentes y no pueden esperar a San Fermín, y la más prioritaria es la configuración de un nuevo Gobierno para salir de la incertidumbre y así no ralentizar o bloquear el ritmo de la actividad económica.

Decía Winston Churchill que la democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás. Por lo tanto señores políticos aplíquense y pónganse a negociar sí, pero para decidir algo de una vez por todas y ya. Antes de que la margarita se marchite.