“Cuanto más te preocupes por la persona, más obtendrás a cambio”

A klopp más de uno le catalogaría como entrenador excéntrico. Su apariencia invita a ello. Es un cruce entre Jerry Lewis en “El profesor chiflado” y un malo de peli de Bond. Estudioso profundo de la táctica futbolística y, como buen alemán, metódico hasta el aburrimiento.

Klopp admiraba el juego del Barcelona de Guardiola. Pero no tanto en cuanto a su idea de ataque que, como sabe todo el mundo, está -afortunadamente para ellos-, muy condicionada por Leo Messi; sino por  su idea de presión cuando no tiene el balón; es decir, a la hora de recuperarlo. En ataque busca el juego al primer toque sin bajar la intensidad.

Los equipos de Klopp no cambian de ritmo cuando tienen o no tienen el balón. En eso es diferente al estilo de juego de ataque del Barcelona que, fiel al estilo Cruyff, se fundamenta en la posesión del balón: que corra la pelota no el jugador. No perderla. A los equipos de Klopp no les importa perder el balón siempre que lo recuperen rápido para luego hacer un fútbol mucho más directo. Es decir, que corran.

Para lograrlo hay que tener un grupo humano joven y totalmente comprometido con la causa del entrenador. Jurgen Klopp impone su estilo, no es de los que se adapte a lo que es la tradición de juego del club al que va, no; él prefiere imponer su impronta, su sello propio.

El estilo de dirección de Klopp es pasional, directo –como su juego de ataque-, mirando a los jugadores a los ojos. En momentos de tensión no disimula, se muestra tal y como es, con aspavientos, sin controlar sus emociones. En momentos de calma saca a relucir su sentido del humor, su origen de futbolista humilde de jugador de segunda división que fue –es el Unai Emery alemán- y contagia espontaneidad y optimismo a sus jugadores. Metódico en cuanto a la táctica y a la disciplina pero sin descuidar la relación con la grupo.

Klopp sería un director comercial magnífico para equipos en declive que necesitan regenerarse. Cuando llegó a un Dortmund alicaído su decisión inicial fue la de rejuvenecer al equipo: jóvenes canteranos con ganas de aprender.

Los jóvenes tienen algo que los veteranos no tienen: son más valientes porque desconocen los riesgos. Dan un punto de frescura y de desenfado por lo que en momentos de presión no suelen desentonar. Entre otras cosas porque no saben medir las consecuencias de las decisiones que toman en el campo.

A pesar de que soy un convencido de que una buena preparación en la entrevista de ventas es clave para luego sacar un gran rédito; la experiencia me ha dicho que a veces, acudir a una entrevista sin preparación previa ayuda. Recuerdo reuniones de negocio donde he salido airoso simplemente por acudir relajado a las mismas, bien sea por tener un desconocimiento importante del poder de decisión de compra de mi interlocutor, o bien porque ignoraba la proyección a futuro que podría tener con ese cliente al desconocer de manera premeditada su potencial.

Son pecados que podrían parecer de juventud, pero no lo son. Son de una improvisación meditada. La dificultad –pensará alguien-, radica en saber cuál es el reparto del porcentaje entre la inspiración y la transpiración en una entrevista de ventas. Pero no, no va por ahí. No es cuestión de repartir.

Creo que la labor de un director de ventas es trabajar con cada miembro del equipo un método u otro: con el vendedor menos metódico potenciar más la planificación y con el más planificado y perfeccionista,  la improvisación.  Y luego está el cliente a visitar. A veces, teniendo un equipo joven, no estudiar demasiado al adversario si éste es en teoría muy bueno; te da ventaja: Se elimina el miedo o los complejos ante un rival teóricamente superior.

Y por último, los entrenadores como Jurgen Klopp que disfrutan sobre todo trabajando con gente joven, lo hacen también porque saben que éstos tienen hambre de éxito.

¿Tiene tu equipo de ventas hambre de éxito?,…